sábado, 27 de junio de 2020

PATRULLA DE MEDIODÍA



Bajo un sol abrasador, y sin refrigeración en el coche, el capitán Smith y el sargento Carson recorrían las tranquilas calles del pueblo. Desde los porches de las casas, o desde la ventana abierta de la cocina, algunos vecinos los saludaban cordialmente y el sargento Carson levantaba el brazo derecho que asomaba por la ventanilla bajada. Calor. Aburrimiento. Nada.   
 
El capitán Smith conducía lentamente con el ceño fruncido. Odiaba que le acompañase el sargento Carson, el de menos luces de toda la comisaría. Ojalá que no hubiese ningún problema, aunque, por la pinta del recorrido, sería difícil.    

Por eso le sorprendió que, al volver la esquina hacia la calle principal, la casa de los Muller estuviese cerrada a cal y canto. El porche vacío, las persianas bajadas. Pero si la noche anterior se había tomado una cerveza, ya fuera de hora, con Paul Muller y no le había comentado nada, ni que la familia fuera a irse a ningún sitio ni algo fuera de lo normal…    

Aparcó frente a la casa, y con un gesto de la cabeza indicó al sargento que le siguiese y que llamara a la puerta. El sargento, encantado, aporreó la puerta varias veces. Pasados unos minutos, el capitán le indicó con el mismo gesto que iban a rodear la casa, a ver si por la  puerta de atrás se podía entrar. 

La puerta de atrás estaba entreabierta, pero dentro de la casa flotaba un silencio sepulcral. En la cocina, la abuela estaba sentada a la mesa ante una taza de café. Muda, quieta como una esfinge. Los dos críos, en el sofá con la playmobil, como si fueran de piedra. Paul Muller y su mujer, Anita, en su dormitorio: él, vestido, sentado a los pies de la cama como si fuera a ponerse las botas, Anita, aún acostada, como si estuviera aprovechando el último sueño. Pero ambos tan estatuas como todos los demás.    

Cuando ya quedó claro que estaban todos muertos, y ante la  desolación del capitán, el sargento lo miró, y como si estuviera  descubriendo las claves del caso, explicó:    

--Ninguna huella sanguinolenta. El asesino debió escaparse por la  puerta trasera [1].   


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[1]  Última frase tomada de:    
ELLROY, James: “L.A. confidential”. Barcelona, RBA Ed., 1999


Ultimo ejercicio del Taller Relato Breve Eloy Tizón: "comenzar por el final"

Foto de Google Images.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado este relato...., novedoso pero fiel a tu estilo final abierto....., me ha recordado, muy de lejos, a Ray Bradbury

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