viernes, 14 de febrero de 2020

VALENTINA Y VALENTÍN



Eran compañeros de carrera, no se desagradaban, hablaban a menudo, siempre en grupo, ese grupo de los que ”necesitan mejorar”, como en el colegio.

Los amigos les llamaban Los Valentines, y les hacían infinitas bromas. Que tenían que casarse un 14 de febrero, que el destino les había unido, que formasen una familia uninominal, y demás bobadas por el estilo.

Y un buen día se miraron a los ojos y aceptaron. Habían abandonado la carrera. Ella pudo colocarse de administrativa en una empresa de tarjetas de regalo y él sólo encontró lo de viajante de comercio. Pero conservaban sus amigos de la universidad.

Su boda, más que una boda, fue un jolgorio. Pero ellos habían aceptado lo del unidos para siempre y se mantuvieron serenos. Además, ya tenían dos sueldos. Y los padres de Valentín habían aprovechado para regresar por fin al pueblo, y les dejaron su pisito. ¿Qué mejor momento para comenzar su vida de valentines?

Sin embargo, contra todas las expectativas, incluso las suyas, el dios del amor no les hacía ningún caso. Cupido nunca disparó sus flechas en sus corazones.

El pisito era pequeño, tuvieron que cambiar la fresquera de sus padres por una nevera en condiciones, firmando muchos plazos. A veces el sueldo de Valentín, que era a comisión, sufría altos y bajos. Por eso, todos los pagos fijos salían del sueldo estable (pero escaso) de Valentina. Las patatas cocidas y huevos duros eran cada vez más frecuentes. Tuvieron que reducir drásticamente las salidas con los amigos, a pesar de que, con sus eternas bromas, les subían un poco la moral.

Se convencieron que todo mejoraría con un hijo. Por supuesto, Valentín o Valentina. Acordaron que, en cualquier caso, le llamarían Vale. Y se pusieron a buscarlo con frenesí, pero sin amor.

Por fin, Valentina se quedó embarazada. Tras el primer alborozo, los gastos se multiplicaron. Ropita, cunita, cochecito, biberones… Ella luchaba contra una sensación de vacío, él luchaba contra una sensación de error, inmenso error. Pero ninguno de los dos lo verbalizó. Tenían que seguir su destino a cualquier precio.

"El parto de los valentines" aún se comenta en la ciudad, en el pueblo de los padres, en la universidad… Fue difícil, hubo que utilizar los fórceps. Y por fin, entre abundante sangre, apareció un sonriente diablillo, con sus cuernos, su rabo, y con un arco en una mano mientras sacaba con la otra una flecha del carcaj. 
Dispuesto a disparar.


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14 de febrero de 2020. Curso de microrrelato impartido por Kike Parra, ¡que me ha ayudado a que desaparezca el dichoso bloqueo! 

2 comentarios:

  1. ¡¡La difícil escritura del microrrelato, y la bordas con exquisito primor. Maravilloso final de “los tuyos”.....

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  2. No sabes cuanto me alegro de que te haya gustado. Mi primer escrito desde hace meses... ojalá me dure.

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