jueves, 2 de enero de 2020

MI MANERA DE LEER




Creo haber mencionado alguna vez que me enseñó a leer mi padre a mis cuatro años. (No fui al colegio hasta los 11 años, tras la muerte de mi madre).
Y así comenzó la mejor aventura de mi vida.
Al principio él me regalaba a Julio Verne, Zane Grey, Celia, Antoñita la fantástica, y muchos más. Luego me dejaba escoger libros de su biblioteca, con la condición de comentarlos con él después. Por fin, alrededor de mis 15 ó 16 años, ya pude elegir libros sin condición ninguna, aunque la verdad es que siempre terminábamos en tertulia literaria. Qué tiempos.
Cuando murió, mi padre había escrito el nombre de cada uno de sus hijos, ocho en aquél momento, en cada uno de sus miles de libros, según las preferencias que él había observado. Y procurando hacer "lotes parejos".
A mí me tocó la literatura norteamericana, mi favorita de toda la vida, algún autor francés, alguno italiano que habíamos comentado, y varios del boom hispanoamericano, que siempre me ha fascinado. 
Durante mucho tiempo, a la hora de elegir libros, procuraba seguir los criterios que entre mi padre -mi maestro literario- y yo, habíamos acordado.
Pero en algún momento de mi misma decidí elegir libros por mí misma. Los que me llamaban por cualquier motivo, desde cualquier lugar. El libro siempre te llama, y tienes que hacerle caso. No suelo admitir recomendaciones (bueno, de según quien, amigo del alma). Las pocas veces que lo he he hecho no han tenido éxito, y esos libros han terminado regalados o en algún banco de los parques y plazas zaragozanos.

Porque mi sensación es que la lectura es una aventura íntima. La más importante, en la que solo hay que confiar en tí mismo, en tus experiencias, en tu alma, en tu instinto. Así he descubierto libros maravillosos para mí, y que han cambiado mi vida, pero que en el mundo literario habían pasado desapercibidos. Casi nunca he estado de acuerdo con los "cánones" ni con las listas, aunque a la mayoría de las personas normales les sirven de mucho, es cierto.

Este fin de década, gracias a mi hermana de corazón y a que yo disponía por fin de algún dinero extra, he conseguido más de diez libros maravillosos, de los que describo más arriba. Confieso que por fín he descubierto a Elena Ferrante, que aún no había llegado a mí, todos tenemos lagunas. Y nada menos que Sthepen Hawking, en sus "Breves respuestas a las grandes preguntas", me está ayudando a resolver algunas de las mías.
A veces pienso que ya no me queda tiempo para leer todo lo que quiero, pero la muerte forma parte de la vida.

Puede que sea un lugar común, pero yo os deseo nada más que leáis mucho, querida gente. Sin prisa pero sin pausa.







3 comentarios:

  1. Que mejor manera de pasar la vida que con un libro en las manos y a mí tus relatos me saben a libro. No pares

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  2. A mí también me enseñó a leer y escribir mi padre, y siempre se lo agradecí. Cómo tú, no puedo vivir sin leer....Me costó renunciar al libro impreso, -oh el olor de un libro nuevo-. Hawkig....., si, magnífico libro..... y como dice Teresa Corres, me encanta leerte a ti.

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    1. Que afortunada soy. Vaya par de amigas incondicionales que tengo con vosotras dos, Teresa Corro y Maríaluisa Oliva. Abrazotes,

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