miércoles, 10 de abril de 2019

¿DE VERDAD QUIERES CASARTE?




--¿De verdad quieres casarte? –me salió del alma la pregunta; no se la hubiera hecho nunca, pero… Estábamos tan a gusto las dos, en la terraza de su casa, disfrutando la tarde cálida, leyendo en voz alta, por turnos, párrafos de los libros que habíamos sacado de la biblioteca de su padre. Nos encantaba leer en voz alta. Al anochecer saldríamos al cine y a tomar algo por ahí… Todo lo importante de mi vida que, de repente, entendí que iba a desaparecer con su matrimonio.

Me miró sorprendida. Le sostuve la mirada, impertérrita, y empezó a desconcertarse:

--¿Qué pregunta tan tonta es esa? ¿Y a qué viene, a estas alturas? Faltan 20 días… y es como si ya no hubiera remedio –añadió, con un tono entre irónico y fúnebre.

--No me hagas decir que en la vida hay remedio para todo, que es muy vulgar –puse una voz campanuda, que le provocó la risa y disipó un poco el inquietante soplo que se había esparcido entre los libros.

Se incorporó de la tumbona y se recogió el pelo con una goma, como cuando explicaba algo convencida:

--Pues no, no es cierto, no hay remedio para “todo”. También se dice que la suerte está echada. ¿Tú crees que mi padre va a consentir que no me case, con el restaurante reservado y las invitaciones enviadas?

Alcé la mano, muy seria:

--Interrumpo, Señoría. ¿Ese es todo su alegato? Escaso y pobre, diría yo.

Con un gesto de fastidio, que quería ser una sonrisa, se puso de pie y se acodó en la barandilla.

--Venga, guapa, no me líes. Tú sabes mejor que nadie que estoy muy bien con Pepe y que me voy a casar con él. Además, si lo dices por ti, nuestra vida no tiene por qué cambiar mucho. Si no vamos a tener niños, ni nada.

Sentí un estallido dentro de la cabeza. Eché a correr hacia ella con los brazos extendidos.



En la calle. ante un atónito portero, dos chicas abrazadas se estrellaron contra el capó de un mercedes mal estacionado. 

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