sábado, 23 de marzo de 2019

CUÍDAME




¿Por qué le has dicho “cuídame” a la luna llena, a ese lunón blanco que ocupa media ventana? ¿Te estás volviendo loca definitivamente? Y claro, mañana hablarás un rato con el sol, que dices que te contesta. Así te pasas la vida, chica, no sé de qué te sirven los psiquiatras y las pastillas… Y tanto leer, y si no, con el ordenador, que luego dices que te duele el brazo, y que si una radiografía. No te pasa nada, Anne, que luego, encima te salen los análisis de libro ¡a tu edad! No como a mí, que soy más joven y jodida con el corazón, yo sí que…

Anne procuraba no mirar a su amiga Jane mientras ésta desgranaba sus reproches. Menos mal que ocurría pocas veces, porque si no, Anne pensaba que también tendría que desaparecer suavemente de ella. Como con otra gente. Y ya iba quedando poca.

Se levantó y sacó de la nevera otra cerveza para Jane. Decía que la cerveza le sentaba bien y además la suavizaba bastante. De hecho, al cogerla le sonrió de medio lado. El sol ya iba desapareciendo por las cristaleras de la cocina. Anne también sonrió, pero al sol y musitó “mañana hablamos”.

Jane se había presentado sin avisar, como siempre, para llevarla a un concierto. “Es música suave, de la que a ti te gusta, es un sitio chulísimo, hace una noche estupenda, terminará pronto, antes de las doce, ¡Venga, vístete! Ese pijama se te va a quedar pegado al cuerpo cualquier día; con lo noctámbula que tú has sido, parece mentira…” Anne se agobió al pensar en contestarle que no, que no iba a ningún sitio, otra vez. Y la verdad es que luego se lo pasó muy bien. Jane había tenido razón en todo. Decidieron dormir juntas en casa de Anne.

Jane tenía eso: normalmente era muy pesada, pero cuando era encantadora, era de las mejores. Anne sabía que Jane, a su manera, la quería mucho. Y al pensarlo se le llenaban los ojos de lágrimas, como al pensar en cualquier cosa buena de su vida. Tenía unas ganas de dejar de llorar con las cosas buenas… Casi nadie lo entendía.

Pero a Anne no le importaba, ya casi no le importaba nada ni nadie del mundo exterior. Sin ser consciente de ello, había establecido una distancia entre ella y todo lo demás que a veces le parecía inabarcable.

Cuando llegaron a casa, agarradas del brazo y canturreando, se bebieron un gazpacho junto a la nevera. Jane quería ver la tele, pero sabía que Anne no, y la dejó acostarse; comprendía que la corta salida había sido mucho para ella. Anne se puso a toda prisa su amado pijama, y casi se le olvidaron las pastillas de noche, pero no. No. Agarró su perro de peluche “te hemos dejado solito, mua, mua” y al apoyar la cabeza en la almohada dura desapareció.

A las diez y media de la mañana, Anne se despertó bastante lúcida y fue directa hacia la cafetera. La puerta del cuarto de invitados estaba cerrada y sonrió. “Es una dormilona, pero tendrá el desayuno preparado cuando se despierte”. Iba hacia la cocina con su perrito bajo el brazo, como siempre. Preparó tostadas, y sacó la fruta que no estuviese muy pachucha.

A las doce la casa seguía silenciosa. El cuarto de baño, vacío y perfecto. Anne abrió suavecito una rendija de la puerta del cuarto de invitados. Impecable también. Ni rastro de Jane. Allí no había dormido nadie. Intentó correr al salón, seguro que se habría quedado dormida en el sofá, con la tele encendida. Nada, todo impecable también. En el sofá no había ni una arruga, el mando de la tele estaba en su sitio.

Pero, ¿cómo, por qué, se ha ido? ¿y a qué hora? ¿y sin decirme nada?

Confusa, se sentó en su silla de pensar. “Llámala ahora mismo”. Fue a su dormitorio a por el móvil. Pero ¡no encontró ninguna Jane! Buscó su vieja libreta de direcciones: ¡tampoco!

Al volverse a meter en la cama, alterada, sin casi saber quién era, oyó entre las sábanas una carcajada familiar, conocida, nunca olvidada.

Había sido una visita de su hermana, su querida hermana que murió entre sus brazos hace años, una cifra de años que no consigue recordar.

Apretó al perrito entre sus brazos y volvió a dormirse.

5 comentarios:

  1. Bueno bueno bueno. El golpazo final marca de la casa. Buenas noches

    ResponderEliminar
  2. ¿Cómo decir cuánto, pero cuánto me ha gustado? Destila una belleza conjunta del Sol y la Luna...... . ¿Cómo decir que me ha emocionado,
    y no quedarme corta.
    Magistralmente hermoso

    ResponderEliminar