lunes, 21 de enero de 2019

SANTOS Y CUMPLEAÑOS EN AQUELLA FAMILIA





Aquella familia era católica, monárquica y liberal. Durante dos o tres generaciones, ni ellos ni ellas salían a la calle sin sombrero (ni guantes, salvo si hacía demasiado calor). Saludando amablemente a diestro y siniestro. Les gustaban las tertulias, los tes con pastas en el jardín y las ceremonias religiosas.


Aparte de la navidad en capilla privada y con armonium, la semana santa cubriendo muebles y cuadros de morado, apagando todas las radios, saliendo en todas las procesiones; también celebraban por todo lo alto santos y cumpleaños. Pero, sobre todo, los santos.(Celebrar cumpleaños, en un momento dado, podía adquirir ribetes de poca delicadeza). Toda la familia conocía el santoral y diferenciaba sin ningún problema a los bienaventurados que tenían el mismo nombre.

Quizá por eso, Doña Luisa, bajita pero altiva, ojos azules como el hielo, manguito, altos sombreros, ropa larga para ocultar su cojera, tenía como patrón a San Luis Rey de Francia, figura magnífica al entender de la familia.

Doña Luisa bautizó a su primer hijo con el nombre de su marido. Al segundo, por tradición, le correspondía el nombre de la madre, Luis. Pero para que no hubiera confusiones (consideradas defecto gravísimo), eligió a San Luis Gonzaga como patrón de su segundo hijo. Además suponía otra fiesta de verano en el jardín.

Y también el solsticio de verano, murmuraba algún familiar, liberal más de otra manera, fulminado de inmediato por los azules ojos de la dama.

Luis, su segundo hijo, buena persona donde las haya, adoró a sus padres toda la vida, y trató de seguir fielmente las tradiciones familiares. La primera hija que tuvo, que pronto se convirtió en ángel, llevó en su corta vida el nombre de su abuela materna, Carmen.

A la segunda hija le correspondía el nombre de su abuela paterna, en este caso el mismo, Luisa. Y surgió de nuevo la coincidencia de patronos. Se solucionó adjudicándole a la niña San Luis Rey de Francia.

San Luis Rey de Francia, menos conocido en España que San Luis Gonzaga, se celebra el 25 de agosto. Y la niña había nacido el 19 de agosto. Casi se solapaban las celebraciones, con lo cual terminaron celebrándose ambas uno de los dos días.

La situación se agravaba porque había comenzado la costumbre del veraneo. Y Zaragoza en agosto era una ciudad casi vacía. La niña creció pensando a menudo "he perdido mis fiestas, todos los demás las tienen".

Hoy día, muchos años después, ya no le importa. Acepta encantada que mucha gente la felicite el 21 de junio, día de San Luis Gonzaga. (Y del solsticio de verano). Sin deshacer el equívoco, por supuesto. El cumpleaños ha perdido importancia para ella, cuyo lema es "los años están en el corazón y en la cabeza".

Pero le sigue teniendo secreta simpatía a Luis de Francia, guerrero y buena persona, por lo que ha leído.


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