jueves, 10 de enero de 2019

HIJA Y MADRE CHARLAN DESPUÉS DE CENAR




En el salón ya oscurecido, Madre observa el portátil sobre sus rodillas, e Hija mira la tele en silencio. Nieto, sentado en el suelo a su lado, parece absorto en sus juegos.

Hija se levanta, enciende todas las luces que le gustan y, al volver a sentarse, estira el brazo hacia el teléfono fijo.

--Voy a llamar a mi padre, a ver cómo está –anuncia algo desafiante.

Madre, durante la llamada, piensa: “estás recibiendo una mala noticia. Conozco de sobra esos mustios “mmm” “oh” “ah” "yyya” “vale”.

Hija cuelga, suspira varias veces y desgrana en voz muy alta:

--Han vuelto. Es idiota el pobre. Mira que volver con esa…

Y se dedica a lamentarse en varios tonos. Madre la mira con cariño:

--Corazón, no des tanta importancia a asuntos que no van contigo. Asuntos de otros, a los que tu opinión no interesa –Quiere callarse, pero añade con suavidad: --No sufras tanto, disfruta de lo que tienes. De la gente a la que sí le importas.

Sin siquiera imaginarlo, con esta frase Madre desencadena de nuevo lo desconocido. Hija la mira con atención y habla intentando parecer serena:

--Vale, mamá, como siempre tienes razón. –Desvía la mirada y carraspea: --Pues mira, voy a contarte algo, voy a darte una noticia bomba. Porque si no lo hago te vas a enterar por fuera.

Por un instante se cruzan sus miradas. Madre percibe como su columna vertebral se pone en guardia. Después de un breve silencio, Hija continúa:

--Nos vamos a casar. Nos casamos, X y yo. Me lo ha pedido mil veces. Estamos arreglando los papeles.

Madre calla. Mira de soslayo a Nieto y lo descubre expectante, pendiente de ella desde la alfombra llena de juguetes. “El también lo sabía” susurra una voz en su interior.

Hija sigue hablando sin parar:

--Es que X ha visto a tu amiga H con su novio y se lo ha comentado… He pensado, díselo a la abuela, que la empezarán a llamar.

Madre cierra el portátil y lo deja sobre la mesa.

Hija continúa:

--El padre de éste –con la barbilla hacia Nieto –no quiso nunca casarse conmigo. Pero X me lo pide todos los días. Y me hace una ilusión. Mira, igual me pongo un vestido blanco, aunque sea en el juzgado. Pero casarse, estar casada… --y esboza una sonrisa con los ojos brillantes.

Madre no puede evitar verla de niña, cundo explicaba mil veces: “me casaré con un vestido blanco largo y muchas flores y tendré muchos hijos, ya lo verás”.

La voz interna de Madre se desgañita: “¡Habla! ¡Di algo!”. Madre murmura:

--Mme das un cigarrillo, porfa

Hija ríe nerviosa y se lo alarga encendido:

--Te estás poniendo mala, ¿no?

Madre niega con la cabeza, procurando transmitir serenidad:

--Espero, sé, confío… que lo has pensado bien. La otra relación te ha costado tanto… Yo qué voy a decir –se vuelve a Nieto, que aún la mira: --son todos mayores ¿verdad? Estas cosas pasan con los mayores, cariño. Es la vida

Hija interrumpe de nuevo:

--No, no te preocupes, todo seguirá igual que ahora. Nos casamos, pero el niño y yo seguiremos viviendo aquí contigo. Todo igual –lo repite varias veces—por lo menos, al principio.

Madre no puede evitar poner cara de asombro

--Mamá. Mientras yo no tenga trabajo, es que

Mira la cara de Madre, se calla, se incorpora y abraza a Nieto, que obediente se levanta del suelo. Hija le dice:

--Vamos, cielo, es hora de dormir. Dale un beso a la abuela. Di “hasta mañana, abuela”.

Nieto lo repite. Madre lo abraza muy fuerte y susurra a su oído:

--Hasta mañana, corazón. Duerme bien y sueña bonito.

Y se queda sentada en el sofá azul, con los ojos cerrados. Concentrada en no pensar.




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