lunes, 21 de enero de 2019

MI SOL




Al fin me he sumergido en el Sol.
A través de mis párpados veo su gran sonrisa de bienvenida. Noto su suave soplo que me envía unas leves ráfagas de brisa.
El Sol y yo nos queremos. No en vano nací bajo uno de sus signos.
Me susurra: no más de veinte minutos ¿eh, Ludovica? Ya sabes, no te quiero hacer daño; luego, al caer la tarde, vuelves y seguimos charlando.
Mi hijo, con la responsabilidad de los hijos (que a veces es mayor que la de los padres), me recomienda, a través de la puerta del jardín: ponte un cojín bajo la cabeza, madre... igual esa hamaca es demasiado baja para ti, y no te puedes levantar... dame un grito.
El Sol sigue sonriendo.
La hamaca también es amarilla, dura y rígida, lo mejor para mis huesos. Percibo como el Sol los acaricia. No necesito cojines ni nada más. Y , cuando se cumplen los 20 minutos, me puedo incorporar sola, mis huesos también están agradecidos.
Estoy relajada y optimista, sigamos así.
Hasta la tarde, Sol, estrella que rige mi vida.


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