martes, 15 de enero de 2019

EDAD Y MÚSICA





Cuatro de la tarde de un día soleado. Trato de escribir algo decente por fin, mientras en you tube suena mi querido Franco Battiato.

Y descubro que la música me distrae, no me deja escribir. Por primera vez en mi vida. Aunque sea Battiato. Y tengo que bajar el sonido casi a la nada.

La música. Sólo escucharla. Venga, que tampoco es tan malo.

Hacer una sola cosa a la vez, no dos. Aunque sean “tus” dos, como ahora. Un día te das cuenta de que tu estado mental solo te permite
eso, una cosa detrás de la otra. (Conste que ahora mismo he dejado el teclado para bailar “Centro de gravedad permanente”. El día que esa canción ya no me lance a bailar... A veces también lo hago sola por el pasillo y es la felicidad).

Sola. ¿Por qué me sale esa palabra tantas veces? ¿Por qué me duele? ¿por qué lloro a menudo sin saber por qué?

Hace unos días, mi voz tras la oreja izquierda me sugirió: “falta de cariño, eso sientes”. Mi yo oficial se escandalizó de inmediato: “Ni hablar. Falta de cariño, ¿¿yo?? Estás muy equivocada. Mis hijos, mis nietos, mis amigos de facebook…” Ella es más tozuda que yo y continuó: “Sí, mucha gente te quiere, o te lo dice. Pero reconócelo, con lo estirada que has sido toda la vida, ahora echas mucho de menos:

Ratos de compañía porque sí, aunque sea en silencio. 
Sonrisas cómplices. Sonrisas cariñosas. Sonrisas mirando a los ojos. 
Besos y abrazos en cantidad, esos que antes te envaraban. 
Una mano suave en tu antebrazo. 
Un brazo por encima de tus hombros, con ese escalofrío. Y no, no hablo de sexo, siempre lo podemos dejar para otro día. 
Pero sí, amiga, lloras porque sientes ausencia de cariño, del cariño de toda la vida”.

Y la muy cabrona se calla, dejándome estupefacta. Misterios de la mente ¿o del corazón? Apúntalo para la visita al psiquiatra, no se te vaya a olvidar.

¿Será verdad que las redes sociales nos están cambiando? Yo llevo años defendiendo a Facebook, que ha llenado muy gratamente mis
soledades. Pero es cierto que leo menos (en mí, pecado mortal), que camino menos, que hago menos cosas, aunque a veces me obligue a cerrar la pantalla y me ponga a ordenar, llenar la lavadora, sacar el lavavajillas, buscar en netflix.

Ya os oigo: tienes que organizarte: una hora para caminar por la mañana, dos horas de lectura, el rato indispensable de la casa y la familia, y lo que quede para la pantalla…

Tendría que volver a nacer, no sé ser disciplinada, organizada, me aterroriza. Siento que así desaparece lo misterioso de la vida, que está ahí, que lo espero. Y que a veces sucede, aunque no siempre es benéfico; pero eso no me importa, me he empeñado en que yo sé salir sola de todo, bueno o malo. Creo que a esta actitud contribuyó aquella costumbre de leer el día anterior los temas de un examen, y luego aprobar siempre. La voz vuelve sin piedad: “eso te hizo una vaga, apechuga ahora con las consecuencias”.

Bueno, va a llegar mi nieto pequeño. Seguiré otro día.

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