miércoles, 5 de diciembre de 2018

OTRO REINO



Desde que se convirtió en rinoceronte, voy todas las noches a cenar con Peter. Le llevo mantel, vajilla y el candelabro que tanto le gusta, para que no se ponga nervioso. Es muy perfeccionista,

Él sólo mira su plato (a veces yo hago lo mismo), pero sé que es su mejor momento del día. Pobre, tanto tiempo escondido en esta olvidada nave industrial. Al menos puede dar lentos paseos arriba y abajo.

Le cuento cómo van las cosas, lo que he hecho durante el día. Me entiende perfectamente. Si inclina un poco la cabeza, se que está de acuerdo. Cuando no le gusta algo de lo que le digo, se altera bastante. Gruñe (o eso me parece), patea el suelo, incluso puede clavar el cuerno en la tierra, levantarla y poner todo perdido. Así que procuro ser simpática y agradable, y sobre todo no hablar de política.

Porque de carácter ha cambiado muy poco, la verdad. Yo creo que se convirtió en rinoceronte, su genio vivo y su piel terriblemente dura.Espero que bajo ella siga siendo tan buena gente como era antes.

Si está de buen humor, me deja tocarlo. Ya lo he superado, un día que me acercaba mucho el cuerno hice de tripas corazón y lo toqué. No pasó nada. Creo que es consciente de que podría aplastarme y va con cuidado. Se queda junto a mí y me roza el vestido.

Es curioso, ahora como animal es mucho más delicado que cuando era hombre y se apasionaba. Qué tiempos.

Él anhelaba ser grande y fuerte. Decía que quería tener un reino, y yo fingía entenderlo. Si aquella noche en el cambo no me hubiera empeñado en convencerlo de que lo desease muy fuerte, cerrando los ojos y cruzando los dedos...

Ahora tenemos este otro reino.



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Publicado en "Vida normal", relatos, (Madrid,Bubok, 2010)

Fotografía de Cecilia de Val. Galería Spectrum Sotos, Zaragoza 2009


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