domingo, 25 de noviembre de 2018

MARIA TENA, ESCRITORA



En una época de mi vida, acérrima defensora de la literatura, no me gustaba saber del autor como persona, no me gustaba conocerlo. Huía de que si “X era un vanidoso…”, “Z tenía mal genio…” y cosas peores, que influían de algún modo en los libros importantes para mi. Y yo sólo valoraba la literatura por si misma, el texto escrito, sin importarme lo demás.

Cuando en mi primera juventud, la actividad como crítico literario de mi padre me posibilitó conocer personalmente a muchos de los mejores autores del siglo pasado, comencé a darme cuenta, en aquellas comidas o cenas de grato recuerdo, de que era interesantísimo conectar al autor con su obra. De pronto identificabas a la persona con su estilo de escribir, comprendías mejor sus frases, sus giros, incluso libros enteros. Dentro de ti se creaba un vínculo imborrable entre tú como lectora, el autor como persona, y su obra literaria.

Como era bastante fantasiosa, emprendí una ardua tarea de escribir a los que no conocía. Mi padre me buscaba las direcciones y yo mandaba largas cartas de lectora agradecida. Casi nadie me contestó, pero algunos sí. Conseguí amistades valiosas y más conocimiento literario, que era mi objetivo. Lástima que ni Salinger ni Paul Auster se dieran por aludidos.

Mi padre y sus reseñados y sin embargo, amigos, ya han muerto. Y yo, ahora jubilada y con tiempo, me dedico a la tarea de intentar conocer de alguna manera a mis escritores favoritos vivos. Asistiendo (si puedo) a las presentaciones de sus libros, matriculándome en sus cursos de escritura, si los impartían, o pidiéndoles amistad en Facebook… En este tema, para mí, bendito Facebook.

Toda esta introducción es para hablar de María Tena. Cuando nos hicimos “amigas” en Fb, confieso que yo no la conocía ni había leído ninguno de sus libros. Comenzamos intercambiando me gustas, me encantas, y alguna frase. Descubrimos que una amiga suya era amiga de mi hermana la madrileña. Me entusiasmaba su elegancia, su estilo, la agudeza y cariño de sus comentarios, la inteligente inmensidad de sus lecturas. Sus fotos.

Hace poco fui consciente de que era intolerable que yo no hubiera leído a mi amiga María Tena. Encargué cuatro libros suyos: Tenemos que vernos (2003), Todavía tú (2997), La fragilidad de las panteras (2010) y El novio chino (2010). No tenía saldo para el último publicado, pero no me importó; si es posible, prefiero leer a mis autores cronológicamente. “Nada que no sepas” vendrá a mi casa de un momento a otro.

Y aquí estoy, sumergida en la narrativa de una mujer impresionante. Ya he leído los dos primeros. No osaré hacer crítica literaria, no soy quien, pero ¡me he identificado tanto! ¡he disfrutado tanto! Su excelente estilo, su elegancia, su narrar cualquier aspecto de la vida, por duro que sea, con esa delicadeza que le es innata. Su conocimiento del alma femenina. Del amor, su invasión y su ausencia. De la pérdida. De la vida diaria. Del paisaje querido.

Yo soy ocho años mayor que ella, pero creo que puedo decir que compartimos mundos conocidos y ajenos, formas de ser educada por tus padres y de intentar educar a tus hijos, grupos de amigas y sus vicisitudes… Y ese respeto que se nos inculcaba entonces, y que en muchos ha permanecido para siempre. En ella, por ejemplo.

Mi humilde opinión es que es una gran escritora y una gran mujer, a quien todo el que le guste leer en este país debería conocer.

Gracias, mi querida María.

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