lunes, 12 de noviembre de 2018

A VECES





A veces no entiendes la vida.

O casi siempre.

Todo lo que te rodea ha cambiado

sin pedirte permiso,

sin que lo hayas pedido.

¿Y quién iba a escucharte a ti?

Impera la rabia, el rencor, la mentira.

La envidia.

Nos creemos únicos, importantes.

Y de alguna manera, lo somos,


siempre que aceptemos a los demás

tan importantes y únicos como nosotros.


Esto ya no se entiende así.


Y tú te sientes extraña, sola, atemorizada.


Además, la naturaleza agoniza


ante la indiferencia humana.


Sólo el dinero y el poder importan,


sea lo que sea para lo que sirvan.



Siempre que das limosna, a alguien le molesta.

Nadie quiere pensar en la impalpable línea

que separa el bienestar de la indigencia


en este mundo que hemos creado.

Y tú sabes que es impalpable

y que puede aparecer de súbito, en cualquier situación.


Últimamente no quieres que nadie tenga hijos.

Te angustia sobremanera

la vida que les espera a los niños.


Sobre todo, a tus nietos,


si algo o alguien no consigue


que cambie este horror.



 Pero no está en tu mano,

No sólo porque seas la primera

de los tuyos


que va a trascender a otra dimensión.



 Es mejor y más útil para todos

que sólo te centres en lo afortunada que eres,

a pesar de los pesares.


Sabes que tienes la fuerza necesaria.


Y no sólo a veces.


Siempre.



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