sábado, 20 de octubre de 2018

TENER LECTORES Y OTRAS HIERBAS




 Yo creo que un escritor sin lectores no cumple su función. Para mí, escribir es una importantísima forma de comunicación: posibilita el que dos mentes entren en contacto, a través de su imaginación y sus sentimientos.

Y yo quiero tener lectores.

Pero esta es la parte más difícil del proceso de escribir, porque entra en funcionamiento eso que ahora se llama marketing y que en mi dura cabeza no termina de asentarse.

He elegido ser escritora independiente, indie por seguir con el habla actual, por muchas razones. La primera, que soy mayor y que como todos los mayores tengo la íntima sensación de falta de tiempo. Otra, con la que se puede estar o no de acuerdo, es que quiero que intervenga en el proceso de búsqueda del lector la menor cantidad de personas y estructuras posibles. No es el dinero lo que me guía, afortunadamente. No estoy haciendo un trabajo remunerado, no es eso para mí. Solo quiero contar historias a la gente, la gente que quiera leerlas.

Y por eso he optado por la denostada autoedición. Primero, con mis amigos de Bubok para mi libro de relatos, y unos meses después con mi novela. Pero la novela no funcionaba, ni en ventas o descargas ni en mi mente, porque me precipité con ella.  Y la retiré de Bubok para reescribirla.

La reescribí varias veces, le añadí una segunda parte, me gustaba más… pero la verdad es que quería olvidarme de ella. Llega un momento en que a un escritor le pasa eso con una obra tras darle muchas vueltas. Y quería lanzarla de nuevo al infinito para que se desenvolviese por su cuenta definitivamente. Pero tenía uno de mis periodos de inseguridad.

Y entonces apareció Ray, a quien conocí de manera fortuita por internet y despertó en mi esa inestimable corriente de empatía. Vaya usted a saber por qué, pero yo soy así. Y Ray me ayudó, me aconsejó, me ofreció su inestimable colaboración. Y publicó mi novelica en Amazon.

Pero este proceso también es complicado (¿y qué no lo es, en esta vida?). Después de un inicio prometedor en visitas, la novela no se vende en absoluto. Me aconsejan cambiarle la portada. Reconozco que también me lo habían aconsejado los amigos de Bubok, a quienes no hice caso. Es doloroso para mí: la portada la ha diseñado mi hijo Pablo, y a mí me encanta. Pero “no es lo que se lleva en Amazon”. Mi hijo, que es genial, me dice: tranquila, madre, yo ya sé que no soy comercial y lo tengo a gala.

Cambiaremos la portada, corregiremos unos errores de maquetación… ¿Llegarán entonces Julia y Miranda a la gente, que yo creo que disfrutaría bastante con ellas? No lo sé, no está en mi mano. Veremos.

Pero después creo que ya no repetiré el proceso. Igual es demasiado grande para mí, que solo soy una abuela que escribe en provincias.

Seguiré con mi blog, Facebook… No puedo dejar de escribir. Hasta creo que dejaré en internet el “hasta luego” del día en que pase a la otra dimensión. Seguro que lo haré.



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