viernes, 28 de septiembre de 2018

SON LOS PADRES



Son los padres, claro. Ya me parecía a mí.

Y eso que mi abuela siempre me ha contagiado su entusiasmo por los reyes magos. Íbamos los dos a la cabalgata, después de echar la carta al buzón del león. El cinco de enero por la noche preparábamos en el salón un tentempié para los reyes: pastas, anís, café en un termo… La abuela sacaba hasta las copas buenas. Nunca se olvidaba de dejar en el balcón un cesto con pienso para los camellos. Y cómo me convencía para que me acostase pronto, porque si no, no vendrían los reyes…

Pero he ido dándome cuenta de que era una cosa increíble. Dejando aparte que los reyes puedan llegar la misma noche, en camellos, a todas las casas con niños del mundo. O, aunque sea sólo de España. Dejando aparte también que de repente no puedas entrar a la habitación de tus padres, y veas por una rendija de la puerta un montón de paquetes sospechosos encima del armario. Dejando aparte que el saco de papel para reciclar aparezca un día a tope de bolsas del corte inglés…

Lo primero que me hizo sospechar fue que los reyes me dejaran el coche teledirigido en casa de tía Pura. Yo no había hablado del coche con nadie, porque me parecía carísimo hasta para los reyes. Pero la tía Pura es rica, y eso me llevó a pensar en las típicas estrategias de mamá. Que, desde octubre a navidades, se para haciéndose la despistada ante los escaparates de juguetes, y me observa para ver con qué cara los miro yo. Como si no la conociera, a mamá.

Terminó de convencerme una reacción suya. Yo jugaba con los playmobil debajo de la mesa. De pronto, tía Merche dijo algo de comprar no se qué para reyes, creyendo que estaban las dos solas. Mamá se puso lívida y empezó a toser. Salí de debajo de la mesa, para que la tía me viera y mi madre no se ahogara. Tía Merche se puso colorada y cambió de tema. “Ya está, comprobado, no hay reyes que valgan”, pensé bastante tranquilo.

Pero me callé, y he podido mantener el secreto dos o tres navidades más. He seguido la corriente a todos, sobre todo a mi abuela, y así he conseguido siempre, en una casa u otra, todos lo que quería. Con no hacer caso a los del cole cuando sacan la historia de que los reyes son los padres y demás, no ha sido demasiado difícil.

Hasta hoy, que mi madre me ha pillado desprevenido. Ha sacado ella el tema de la super Nintendo, y, como de pasada, ha dicho que es muy cara. Pues en casa de tía Pura, he contestado sin pensar, porque quiero esa máquina como sea. Y claro, mami, que es listísima, se ha dado cuenta. Ha aparcado el coche y me ha mirado de frente; Vamos a ver, ¿tú qué sabes de los reyes magos? Y no me engañes. Se lo he contado; yo a mi madre no le miento, sobre todo si me pregunta de frente. Tampoco se ha enfadado ni nada, parecía hasta aliviada. Bueno, pues vamos a organizarnos, ha dicho, hacemos la lista y tú pides a cada uno de la familia…

La he interrumpido: Por favor, mami, vale, pero a la abuela no le cuentes nada, que lo de los reyes magos le hace muchísima ilusión.


***************************************************


No hay comentarios:

Publicar un comentario