sábado, 17 de junio de 2017

ENFADOS ANTIGUOS




Terminada por fin la clase de Historia, Claudia baja al bar y, zas, ahí está Carmen con un chico superguapo, en la mesa del rincón. Varias tazas de café vacías, cenicero repleto y pinta de llevar horas charlando por los codos. Claudia se aparta el pelo de la cara y se acerca con calma. Tira los libros sobre una silla y se sienta en otra, como si la estuvieran esperando:

—Desde luego, el hombre este de Historia es un poco rollo… Hola, ¿qué tal? Yo soy Claudia

Carmen la mira con mucho más cachondeo del esperado:

—Vale, guapa, tú eres Claudia y este es Manuel, tu primo hermano al que por lo visto no conoces…

La sonrisa tipo perdonavidas-bueno-en-el-fondo del recién conocido primo Manuel entona perfectamente con la de su amiga Carmen, cariñosa y burlona. Y Claudia, entre los dos, quiere convertirse en taza de café, o cruzar los dedos y desaparecer.

Pero decide, como siempre, arreglarlo por la tremenda:

—¡Hombre, Manuel, por fin! ¡Qué alegría! Esto hay que celebrarlo… ¿Os venís los dos a comer a mi casa?

Manuel, por lo visto, es tan lanzado como ella (¿serán genes?):

—Por mí vale, pero estoy esperando a mi hermano Pol, que sale ahora de clase… no te importará.

—¿Cómo me va a importar? ¡Mil veces mejor! Que venga Pol también, por supuesto. Carmen, ¿tú no esperarás a alguien que quiera venir a comer? —para chula yo.

Y que se fastidie mi padre, por haber mantenido tantos años oculta una parte de la familia. Ahora nos vamos a tratar muchísimo. ¡A mí qué me importa lo que pasara hace cien años!

El resto de la mañana lo pasa en el bar, fumándose las clases. En plan diva, presumiendo de primos, presentándolos a la panda y a todo el que se acerca. Y es que Pol es tan guapo como Manuel, en rubio. (En un aparte, llama a su eficiente hermana Marta, por aquello de la intendencia. Los sustos, relativos).

A las dos y cuarto, hora inamovible en que su padre se sienta a la mesa, toda la ciudad sabe que Claudia y sus primos son inseparables. A pesar de nuestra común familia. Nosotros pasamos de enfados antiguos.

Cuando pulsa el timbre, los cuatro en la puerta de su casa, el corazón le va a mil.  Tranquila, Claudia, va a ser un éxito total. Abre su hermana Marta, que parece entre apurada y aliviada:

—Hola, ¿Qué tal? Yo soy Marta —le agarra del brazo, en un susurro aparte— oye, que papá no come en casa. Le ha llamado el tío Ramón (fíjate, después de tantos años!) y se ha ido…

Claudia se vuelve hacia ellos con una gran sonrisa:

—Pasad, pasad… Hay macarrones, espero que os gusten.


____________________________

Escrito el 3 de noviembre de 2009.
Corregido y reescrito, hoy.



***********************************************

No hay comentarios:

Publicar un comentario