martes, 13 de junio de 2017

AQUELLOS AÑOS 60




 (Jovencita ante el espejo)

Me ha llamado. Sí. Por fin, eso que parecía imposible. Hemos quedado esta tarde nosotros solos, sin nadie más. Se me va a salir el corazón. Y qué me pongo, madre mía. Tengo que estar espectacular.  Falda recta y corta, nada de pliegues ni  escocesas. Arriba, un conjunto de jersey y chaqueta. El rosa le va muy bien, y dicen que me alegra la cara. O mejor la blusa blanca bordada que es preciosa. El tema zapatos es lo peor, no me dejan llevar tacones, y no me queda otra que las manoletinas negras. Con bolso negro, claro. Quizá algo severa; pero no, él siempre dice que le encanta mi sencillez… Pasemos al pelo. Ay, dios mío, mi pelo graso. No sé hacerme nada yo sola y no da tiempo para la pelu. Cojo el champú en seco de mi hermana que según ella va fenomenal. Pues es una porquería: la grasa se va, pero el pelo queda opaco, como de madera. Qué porras hago yo ahora. Bueno, como traerá el descapotable, un pañuelo a la cabeza, como Brigitte Bardot, es lo más apropiado. Pero me aplasta este pelo estropajoso… Relleno la parte de arriba con algodón, cardo el pelo, lo paso por encima y el pañuelo lo tapa todo. Así.
Caray, queda de lo más BB que me hubiera imaginado.


(Deportista famoso a carcajadas en la cabina telefónica)

Casi me muero, oye, he tenido que sentarme en un banco a carcajada limpia. Demonio de cría, mira que ponerse algodones bajo el pañuelo. Sí, lo que oyes. Que sí, que me pasa por salir con chavalitas. Pero es que con esta me llevo especialmente bien. Es maja, relajante. No, no, sólo la he llamado para darle el peluche que le compré en París después del partido. Al salir a buscarla, el coche no arranca. Llego paseando, toco el timbre de abajo, y la niña me aparece vestida de no sé qué cosa y con un gran pañuelo a la cabeza. Como las mujeres de mi pueblo, oye, total. Bueno, le doy el perrito y casi llora de emoción, la cría. Le digo va, demos una vuelta. Caminando por el paseo de Mola, toda feliz con el peluche, no lo he podido remediar, oyes, y de un tirón le he quitado ese horroroso pañuelo.

Dios, la que se ha armado. Las bolas de algodón revoloteando por el paseo ¿te imaginas? ¿Yo? Pues descojonado. La niña, con los pelos tiesos y estupefacta. Sí, sí. Primero muy pálida, luego roja como la grana, sin decir ni pío, me devuelve el peluche y echa a correr hacia su casa. Con el pañuelo ondeando en una mano… Pobre cría, ahora lo siento. Pero es que ha sido la monda, te puedes imaginar. Bueno, luego la llamaré, ya se le habrá pasado. Sí, voy a buscarte y recogemos a Fernando. A ver si puede traerse a su hermana, la que está como un tren, y nos vamos todos a tomar algo. Un segundo, le dejo el peluche al portero de la cría y que se lo suba. Vaya pinta que debo hacer con el perrucho en la mano.


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N. de la A. Personajes, pañuelo, algodones, peluche,  son reales.

Lo demás… intento de llevar la vida con todo el humor posible.

Foto tomada de Google Imágenes.



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