domingo, 14 de mayo de 2017

LA MUJER HELADA, de ANNIE ERNAUX




Siempre me ha gustado la literatura escrita por mujeres. Tengo muchísimas autoras en mi biblioteca, y las tengo agrupadas, horror, las mujeres a un lado y los hombres al otro. Pues sí, me gusta verlas todas juntas y las encuentro enseguida.

Al principio de mi vida lectora, era bastante pequeña, Julio Verne, Zane Grey, Emilio Salgari, colmaban toda mi imaginación de aventurera/chicazo. Pero, no recuerdo cómo, apareció Celia, de Elena Fortún. Apareció Antoñita, de Borita Casas. Y me dí cuenta enseguida de que ellas eran imprescindibles porque colmaban "la otra parte" de mi ser. Y me dediqué con fruición a buscar libros escritos por mujeres. Ante mi asombro, había muchos.

Alrededor de los 20-30 años, impactaron mi vida "El cuaderno dorado" de Doris Lessing, mi querida Doris, y "Mujeres" de Marilyn French. Dos de los primeros libros etiquetados abiertamente de feministas, en aquellos años. Devota ferviente de los dos, rastreé todo lo que pude sobre feminismo, de ficción o no ficción. Incluso descubrí autoras muy anteriores que, sin etiqueta, habían sido precursoras del feminismo, al que dediqué mi pensamiento y mis lecturas durante años.

Pero elegí pensarme feminista en un momento poco favorable. Mi matrimonio comenzaba a ir mal, los tres niños me agobiaban, quería trabajar y aquella sociedad no era favorable a ello; la depresión volvía a merodear a mi alrededor...

Por eso me ha cautivado "La mujer helada", de Annie Ernaux. Lo empecé ayer y lo he terminado hace un rato. Me identifico con este hermoso libro. Tengo que releerlo tranquila y con lápiz, esta manía de devorar lo que me gusta me hace olvidar detalles. Y no quiero.

No conocía a Annie Ernaux. Escribe de maravilla. Tanto, que un libro en principio de difícil lectura, pues es como un torrente, sin diálogos, sin capítulos, apenas unos puntos y aparte, se apodera de ti a la segunda página. La delicadeza, incluso la aparente tranquilidad, con la que describe a la protagonista. Una niña que tiene la suerte de ser educada por sus padres sin "diferencias", y es feliz, no le dicen lo que tiene que hacer por ser chica, la animan a leer, a estudiar, a hacer siempre lo que quiera.

En el colegio conoce a otras niñas, muy divertidas, que le hablan de sexo, de chicos, de casarse, el fin de toda mujer que se precie. Al principio se asombra, se divierte, incluso también lo desea ella. Y luego va conociendo la soledad, el pensar que igual sus padres están equivocados por no haberle explicado esa terrible dualidad interior entre ser profesional brillante o ama de casa (que ni su madre lo era).

A sus veinte años cede. Trata de convencerse de que ella seguro conseguirá el equilibrio entre las dos opciones, al enamorarse por fin de un chico que tiene sus mismas ideas.  Y poco a poco va convirtiéndose en una mujer helada, como esas que empujan cochecitos muy serias o ve en la peluquería.

En la tercera y última parte de mi vida, Annie Ernaux me ha ayudado a comprender la esencia de las mujeres, o de algunas mujeres. Y, aunque eso lo sé muy bien, la importancia de la educación recibida.

No me gusta recomendar libros porque hay que leer los que te llaman (sí, a ti). Pero me encantaría, amigas, que leyerais "La mujer helada".




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