sábado, 19 de marzo de 2016

NO SIRVO PARA ESTE TRABAJO





Entro al salón del hotel pisando fuerte, la cabeza bien alta, media sonrisa. Me siento segura en mi vestido segundapiel, escote V, tacones aguja, piernas bronceadas, labios rojos. Varias cabezas se giran a mi paso. Cojo al vuelo una copa de una bandeja. Mojo los labios en el cava. Paseo la mirada por el salón lleno de gente. Resultado satisfactorio.

Localizo por lo menos cuatro hombres más que pasables. Ahora el objetivo es sentarme en el comedor junto a dos de ellos al menos. Bueno, sólo uno, no compliquemos las cosas. Mejor concentrar esfuerzos.

Elijo al moreno alto de ojos grises que no ha dejado de mirarme. Imagino mis dedos entre su pelo brillante mientras comienzan los besos. Si deseas tocar el pelo, lo demás sigue bien. Pelo y piel suelen ir parejos en suavidad. Además, su estatura. Si con los tacones le llego más o menos a la nariz, descalza mi cabeza se acomodará perfectamente al hueco de su cuello...

En fin, que no puedo remediarlo y voy hacia él sin perderle la mirada:

—Hola ¿estás solo? — Sonríe guason: —Contigo, no.

Y coloca su mano derecha en mi cintura. Procuro que no perciba mi escalofrío tratando de sacar un cigarrillo y casi le derramo el cava por encima. Inmutable, atrapa mi copa de modo que su mano izquierda cubra totalmente la mía. Otro escalofrío.

Lo mejor es que yo deje de disimular.

—¿Comemos juntos, entonces?—susurro, lanzando el humo de mi cigarrillo a su oreja, como si fuera a darle un suave mordisco. Su mano en mi cintura más firme, más posesiva

—Me encantará. Además, si estamos los dos en este congreso, tendremos intereses comunes ¿no? —Ah, sí, el congreso. A ver cómo salgo de esta.

—Bueno, yo vengo en representación de una amiga.

Se echa a reír. También me encanta su risa.

—Vale. El caso es que estás aquí, y estás conmigo —me atrae con fuerza hacia él y me besa levemente en la sien. El tercer escalofrío. Tranquila, guapa, me digo, o vas a perder el control de la situación, si es que lo has tenido en algún momento. A lo mejor hubiera debido elegir otro que me gustara menos. Pero ahora no puedo separarme de él, no puedo buscar otro estando él aquí. Si lo dejo me tendré que ir. Y si me voy, adiós oportunidad. Tan bien como me lo había montado para que me dejaran entrar.

—Estás muy pensativa, bonita —deslizando su dedo índice por mi nariz y
mis labios. Pero qué tonta, ¿pues no miro alrededor para ver si se dan cuenta de lo que está pasando entre nosotros? Porque desde luego algo está pasando. —Vamos a comer, a ver si te animas —y me arrastra al comedor cogiendo mi mano de ese modo que me vuelve loca, los dedos fuertemente entrelazados.

Casi me da pena mientras compruebo que la cápsula del somnífero sigue en su sitio, dentro de mi bolso. Ya he localizado dónde lleva la cartera. El anillo y el sujetacorbatas también valen. Seguro que todo sale bien, como siempre. Pero dudo en hacerlo, porque con este todo es distinto. A lo mejor es que para ganarme la vida así me tienen que gustar menos los hombres.
O a lo mejor es que no sirvo para este trabajo.



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