sábado, 19 de marzo de 2016

GEMELAS




Como todo llega en esta vida, hoy por fin es el día de la fiesta. La casa está revolucionada. Rosa ha sometido a la familia a un suplicio de pruebas de vestidos y de peluquerías, pero parece más tranquila y dueña de sí que nunca. Lo ha ensayado tantas veces…

Paula, con un sobre en la mano, entra en el dormitorio y se lanza sobre la cama, a observarla con aire divertido (ella, desde luego, no va a la fiesta). Rosa la mira de reojo desde el espejo del tocador:

—Saldrá bien, seguro, he entregado mi vida a esto.


Rosa vivía obsesionada por ser mayor. Lo guapa que iba a ser, con quien se iba a casar, los niños que iba a tener. Mientras tanto, Paula leía y leía con aire huraño. Todos decían: “Parece mentira que sean gemelas, tan distintas”.

El padre alimentaba las fantasías de Rosa:

—A los 18 años os pondréis de largo. Es una fiesta preciosa en el Liceo, con cena de gala y baile. Mamá y yo nos conocimos así.

Él conservaba esas ilusiones, tan romántico para ser un hombre, y Rosa lo escuchaba embobada.

Según Paula, lo que quería Rosa era una vida igual a la de sus padres:

—Me casaré con alguien como papá. Alto y cariñoso. Con arte para los niños y un negocio familiar. Sólo tendrá una hermana, me haré amiga suya y estaremos muy unidas—lo tenía todo clarísimo.


Cuando cumplieron quince años les dejaron celebrarlo en casa con amigos. Rosa tomó esa fiesta como una oportunidad:

—Es un ensayo de la puesta de largo. Y yo seré la más guapa y la que mejor baile.

Pero por la noche, mientras se desnudaban, Paula la notó más emocionada de lo que estaba dispuesta a admitir:

—Nena, he conocido a un chico que no está mal. Ha venido con el hermano de Pepa. Se llama Juan y baila tan bien…

Resultó que Paula lo conocía:

—Juan, el primo de Mamen. Es majo, lo conozco, y a sus hermanas.

—Ah, pero ¿tiene hermanos? —Rosa hacía como que no le interesaba.

—Son siete, él es el mayor. Quiere ser director de cine.

Al día siguiente Juan la llamó, pero ella puso una amable excusa. Ante la cara de asombro de Paula explicó tranquilamente:

—No me conviene. No tengo que perder de vista mi objetivo.


Poco a poco, sus formas de ser y de vivir tan distintas iban separando a las gemelas. Por ejemplo, los estudios. Paula quería estudiar Arquitectura. Se esforzaba, y hasta con notables se ganaba broncas. Rosa cumplía lo justo: aprobar y que pasara el tiempo rápido. A veces suspendía, pero sus padres no le daban importancia. Según su hermana, la señorita vivía como una reina.

En su tiempo libre, Paula pasaba horas fotografiando edificios, puertas, balcones, ante el asombro de Rosa:

—No lo entiendo, ¿qué importancia tiene una puerta?

La que no la entendía era Paula a ella: “Tiene que aburrirse muchísimo, sólo mirándose al espejo y pensando en su raro futuro”.

Pero Rosa no envidiaba nada, ni se fijaba en los demás. Cada vez más convencida de que la fiesta de puesta de largo definiría su vida, cristalizaría todos sus esfuerzos:

—Seguro que encontraré uno como papá.

Paula deja el sobre en la mesilla y continúa mirándola con una gran sonrisa. Su hermana se pone nerviosa:

—O sea, que es verdad que no vienes. Y qué es esa carta.

—Me han admitido en Arquitectura. Esta noche Juan y yo vamos a celebrarlo.

Rosa gira en redondo con el peine en la mano

—¿Juan? ¿Aquél Juan?... ¿Juan y tú?

-—Juan y yo, sí. También estudia Arquitectura.

—¿Pero no iba a ser director de cine?

—Ah, ya, bueno, se le pasó enseguida, cuando descubrimos que nos gustaba hacer fotos juntos.

Su madre aparece como una tromba envuelta en encajes blancos:

—No es momento de charla. Rosita, pruébate las medias y la ropa interior.

De repente al final del pasillo, la voz del padre, tan distinta.

—Qué raro, papá gritando, ¿qué grita?

—Hija, que no sabe hacerse el lazo de la corbata. Siempre se lo tengo que hacer yo, y hoy está tan nervioso con tu puesta de largo…

—Id vosotras, que yo estoy en enaguas


Cuando Paula y su madre llegan, el padre yace sobre su cama, boca arriba, a medio vestir, en una mano el lazo deshecho de la pajarita. Sus ojos abiertos hacia la foto de Rosa, tomada ayer con el vestido de noche,
tan parecido a aquél de su madre. El infarto ha sido fulminante.



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