sábado, 19 de marzo de 2016

ESCONDRIJOS






Otro montón en su cuarto. Cuando parecía que todo iba mejor. Que todo estaba más limpio. Siento la impotencia de una situación que se desborda. Como una tormenta en alta mar. Que no sabes lo devastadora que va a ser, ni siquiera cuanto durará. Y no puedes hacer nada.


Hoy ha venido María a limpiar y, sin saber muy bien por qué, le he dicho entra en su habitación y dale una vuelta a fondo, parece que huele raro... Antes de arrepentirme me lanzo a la calle. Llamo a J para tomar algo. Si salgo sola con dinero en el bolsillo, compraré y compraré. Para luego volver a la angustia. Nadie como yo sabe que todos escondemos nuestra basura.


J me espera en el bar. Qué alegría verlo siempre. Me mira a los ojos: Pago yo los cafés. Por supuesto no le dejo. Estamos casi todo el rato callados, ni siquiera salimos a fumar. Pero es un momento cálido. Reconfortante.


Al volver a casa, María está en esa habitación. El balcón abierto, los cajones abiertos, el armario abierto. Una bolsa repleta en la mano. Me mira un poco triste.


Al anochecer salgo al descansillo. Miro la bolsa, ostensible junto a la puerta, donde yo misma la he dejado. En la esquina, María ha depositado la basura normal. Dudo. ¿Quiero que vea la bolsa cuando llegue? La última vez le dije si vuelve a ocurrir te irás de esta casa.


Cojo la bolsa de la puerta y la pongo en la esquina, bajo la otra. Un poco ladeada, para que no se distinga demasiado su contenido.


Cierro mi puerta y mis ojos con suavidad.



************************************************

No hay comentarios:

Publicar un comentario