miércoles, 16 de abril de 2014

EL PAPEL DE TU VIDA

teatro photo



Aquí estoy, tratando de leer un libro tras la ventana. Qué imagen más romántica

La voz tras mi oreja izquierda susurra: --elige de una vez tu personaje. Venga, se te permite elegir uno. Naciste en esta comedia y aún te mueves a tientas, sin saber cómo actuar ni qué cara poner. Escoge tu favorito y, por Tutatis, interprétalo ya hasta el final.

Alzo los ojos del libro y contemplo el variado reparto de personajes que se agolpa ante mi sillón.
Primero los ricos, esos asquerosos de las noticias, a los que ignoro.
Enciendo la lámpara para ver si está mi favorito, el papel que llamo afortunado; los que saben disfrutar con lo que tienen, sin ansiar nada más. Aunque a veces pienso que ese personaje debe tener alguna trampa. Me encantaría interpretarlo, pero me callo.

A la derecha, los denominados buena gente, tan reconfortantes en situaciones difíciles. Pero, a lo largo de la función, he podido vislumbrar que algunas de estas buenas gentes ocultan un resplandor despiadado en sus ojos.

Y los sencillos. Madre mía, como me gustan los sencillos. Pero creo que ese papel no lo sabré interpretar nunca, de ningún modo.

Entre empujones, llega el malo a primera fila. Adoro el papel del malo, tiene un atractivo irresistible. Sobre todo el malo listo, porque el malo tonto me produce instintos asesinos. Pero algo enganchado a mis entrañas me impide elegir el papel del malo.

He intentado con empeño interpretar el personaje de escritora, el que deseaba desde niña. Pero ahora dudo, no termina de convencerme, sobre todo esa faceta de cierto protagonismo. Últimamente odio hacer de protagonista, con lo que me ha gustado siempre.

Me canso, cierro los ojos, pero la voz insiste tras mi oreja izquierda: --Y aquí estás, en la mediocridad. Desde que apareciste en esta comedia sigues desorientada, hecha un mar de dudas. Veamos, es tu última oportunidad, ¿qué vas a hacer?

Abr0 los ojos y contempl0 la habitación en penumbra, vacía de nuevo. Dejo el libro sobre la mesa, junto a la taza de té:

¿Y si he decidido no interpretar ningún papel?



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