miércoles, 19 de marzo de 2014

DÍA DEL PADRE




Y te fuiste.

Esa noche ya no estabas. Cuando colgué el teléfono, después de que me lo explicaras (pero, ¿se puede explicar esto?), me preparé un baño caliente. Y me quedé horas ahí, hasta que sentí el agua helada, mi cuerpo raro, mi mente desaparecida. Miré el reloj: el autobús del colegio. Me estremecí, pero tuve que salir del agua y ponerme a funcionar.

De algún modo yo lo había presentido, pero no deseaba que ocurriera. Era incapaz de imaginarme sin ti. La vida sin ti. Los niños y yo, sin ti.

Pero han pasado casi cuarenta años. Lentos, acelerados, trágicos, felices, difíciles, plácidos. De esfuerzo, de terror, de soledad, de la alegría sin motivo a la depresión sin fondo. De descubrimientos.

Ahora somos ya muy mayores. Todos. Ahora ya sé que el tiempo es un buen compañero. Que te ayuda a borrar lo malo. Sobre todo el rencor.

Ahora todos mis recuerdos son buenos, y por primera vez desde que no estás me he animado a escribirte.

Feliz día, padre de mis hijos.




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