jueves, 5 de noviembre de 2020

SOBRE ESCRITORES Y LECTORES (humilde opinión)



No soy, ni pretendo ser, crítica literaria (ya tuve uno extraordinario en mi vida y quizá por eso). Pero mi vida interior se cimienta en leer y escribir. Hace mucho que no escribo, no sé si es la famosa página en blanco, pero no le doy mucha importancia; a veces aparece de improviso mi querida "primera frase"
Eso sí, tengo mis opiniones, como todos, sobre leer. Por ejemplo: muchas veces el libro te elige a tí; y no comparto lo de que hay que separar al escritor como persona de su obra. Quizá porque soy algo ingenua y romántica, creo que la lectura debe ser comunicación total entre la persona-escritor y la persona-lector. Ya sé, seguramente me pierdo obras maestras de la literatura.
Tengo muchísima suerte en Facebook, porque entre mis amigos virtuales hay muchos escritores españoles vivos, buenísimos escritores y grandes personas. Y los voy a citar, con mi total agradecimiento.
No hay ningún orden: mi cariño como personas y escritores es para todos.
Eloy Tizón, Xavi Simó, Maite Bravo, María Frisa, Manuel Astur, Sergio del Molino, Juan Soto Ivars, David Pérez Vega, Juan Carlos Márquez, Manu Espada, Silvia Fernández Díaz, Bárbara Blasco Grau, Kike Parra Veïnat, Daniel Monedero, Isabel Cañelles, Sergi Bellver, María Tena, Laura Freixas, Valeria Correa Fiz, Patricia Esteban Erlés, Andrés Neumann, David González, Begoña Abad, Alena Collar, Elena Casero Viana, Carlos Frontera, María José Blasco, Matilde Tricarico, Ovidio Paradés...
Los puntos suspensivos están porque sé que, desgraciadamente, todas las listas de memoria tiene olvidos no deseados.
Para algunos de la lista mi cariño es doble, porque han sido mis maestros en talleres de escritura. Y a alguno he tenido el placer de conocerlo personalmente.
Que sepáis, queridos, que entre vosotros y los que ya no están (Miguel Delibes al frente) estáis casi a punto de conseguir que mi inveterada veneración por la literatura americana se tambalee.
Seguid escribiendo, por favor, aunque mi "paga" para la compra de libros se asuste tantas veces.

PD1. Amigos en general: No dejéis de leer los últimos libros de Sergio del Molino y Xavi Simó.

domingo, 18 de octubre de 2020

EL MIEDO Y YO



El miedo no me gusta nada y lo combato con todas mis fuerzas. Pero  ha estado siempre presente en mi vida. Él aparece, y yo me resisto, unas veces con más éxito que otras. Siempre consigo que acabe en una sensación olvidable.


La primera vez que conocí el miedo, a mis once años, fue aquella noche naranja en que soñé que mi madre se moría. Me desperté aterrorizada, y ella me consoló. Pero a la noche siguiente se murió.


La segunda, tres o cuatro años más tarde, fue cuando me ahogué en el helado lago del balneario de Panticosa. Al notar que me hundía, cerré los ojos y con las manos me tapé los oídos y la boca. Toda mi corta vida pasó como una película en mi cabeza. Y sí, ví por primera vez el túnel blanco impactante y silencioso como el desierto, con una lejana mano extendida hacia mí. Lo único que quise fue llegar a asir aquella mano. Pero en ese momento me “salvó” un montón de gente que se había lanzado al agua.


Hasta los diecisiete años, yo, cuando miraba a la gente veía tres figuras: la de ese momento, el niño que había sido y el anciano que sería. Uno a cada lado. En el autobús, en la calle, siempre. No lo comenté nunca porque estaba convencida de que, si me pasaba a mí, le pasaba a todo el mundo. Alguna vez, alguien no tenía al anciano, y yo simplemente pensaba “no tiene futuro”. Eran personas desconocidas para mí.

Mi primer novio (aún secreto) era bastante mayor que yo, guapo, simpático y cariñoso. Un día en que habíamos quedado, me llamó dos horas antes porque le había surgido un viaje de trabajo, y me dijo que bajara a nuestro bar para poder despedirnos. Llegué pronto y cuando ví entrar a Fernando, su anciano no estaba. Un duro calambre me sacudió por dentro, pero no le dije nada, no era el momento. Lo ví alejarse en su coche por la carretera de Madrid. Y esa fue la última vez que lo vi. Me llamó alguien de la pandilla a media noche para comunicarme el accidente. Puse todo mi empeño y mi fuerza en arrancar de mí esa visión de “tres personas”. Fue duro, pero lo conseguí.


Y aquél otro instante en el que, a las doce de la noche en un 600 con dos amigos que me llevaban a casa, vi que habían cambiado de dirección y estábamos entrando al frondoso parque grande. No hace falta comentar más, esa noche de terror cambió mi vida. Pero he conseguido integrarlo, incluso hablar de ello.


El miedo me ha atacado muchas veces más. El terror, el pánico. Me dejo llevar un instante (a veces son horas) y me concentro en que salga de mí, en que desaparezca. Hay que luchar contra él lo más pronto posible. Si dejas que se apodere de tí, nunca serás la misma persona, ni podrás manejar (un poco, de acuerdo) tu vida.


Todas mis casas han tenido fantasmas. Una señora mayor, un hombre alto, una chica joven… Veo sus sombras de colores deslizarse por el pasillo y pararse un momento ante la puerta de la habitación en la que estoy. Los percibo, alzo la mirada y sonrío. Nos apreciamos mutuamente. Sólo se difuminan cuando viene alguien desconocido.



sábado, 3 de octubre de 2020

REFLEXIÓN ANTE TODO ESTO


Estoy harta de que se me salten las lágrimas mirando a mis nietos, porque pienso en qué mundo les tocará vivir con todo lo que está pasando y estamos haciendo...
Estoy harta de no entender nada, y de no estar de acuerdo con casi nada de lo que ocurre a mi alrededor.
Hoy me he descubierto feliz y relajada fregando la cocina, y he vuelto a pensar en las cosas sencillas, en la atención plena. Así que no debo ser una feminista al uso, yo que siempre había creído serlo. No debo estar evolucionando al ritmo que la sociedad actual exige. Qué le vamos a hacer.
Por fortuna no me han quitado mi pasión por la literatura. La semana que viene comienzo otro curso con Kike Parra y Bárbara Blasco.
Tengo una familia maravillosa, un montón de amigos y, a pesar de todo, muchas ganas de disfrutar.
Mi afición a las redes sociales está flaqueando un poco, aunque creo que hay que seguir estando, pero de otro modo.
Urge volver a nuestra vida, la nuestra de verdad.